La acabadora de Michela Murgia
¿Cómo llegué a este libro? Fue una recomendación de @tu_puntodelectura, Publicada en 2009 y ganadora del Premio Literario Campiello, en Italia.
No conocía a Michaela, escritora y política italiana, nacida en Cerdeña (1972-2023). Fue candidata a la presidencia de Cerdeña en 2014 Independentista de izquierdas.
La novela está ambientada en Soreni (pueblo ficticio de la isla italiana). Años cincuenta (siglo XX), cuando los habitantes de la isla mantenían unas tradiciones y un lenguaje nativo, el sardo.
La protagonista es María Listru, la cuarta hija de una familia sin recursos que se convierte en fill’e anima (hija de alma o adopción del alma). Pasa a ser la hija de Bonaria Urrai, estéril, solitaria, viuda y la costurera del pueblo. Vivirán como madre e hija, se hará cargo de ella, pero María mantendrá relación con su familia real.
María vive feliz sus años de infancia con su nueva madre, aunque sospecha que ésta tiene un secreto que todos en el pueblo conocen. Cuando María lo descubre, abandona la isla, se marcha a Turin y no regresará hasta que le comunican que Bonaira está muy enferma.
Un paseo por las costumbres y tradiciones de Cerdeña, con mensajes rodeados de amor, maternidad, amistad, adopción, relaciones familiares, gastronomía, derecho a morir dignamente…
De fácil lectura.

- Editorial: Salamandra 2011
- ISBN: 9788498383775
- N.º de páginas: 192
- Título original: Accabadora
- Traductor: Teresa Clavel Lledó
Opinión personal: Tenía razón Marichu, es una preciosidad. Me ha gustado mucho. Abstenerse los que tenéis un pariente enfermo, no es el momento de leerlo.
Los padres de la autora regentaban un restaurante y querían que trabajara con ellos. Ella quería estudiar y se hizo fill’e anima de los Sanna, un matrimonio sin hijos, que le pagaron los estudios de Teología.
Desconocía esta tradición y me ha sorprendido mucho que esa costumbre existiera en el Pirineo Aragonés, según he leído en El blog de la biblioteca del IES Miguel Catalán
La figura de la acabadora (la que termina) fue una tradición sarda, que ya ha desaparecido. Terrible y necesaria, ¿Qué sentido tiene prolongar el sufrimiento de alguien terminal? Todos tenemos derecho a morir dignamente.
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